A principios de octubre de 2017, los medios de comunicación se hacían eco de la noticia sobre la propuesta del Congreso de los Diputados de introducir en el nuevo proyecto de la Ley de Protección de Datos Personales, el derecho a la desconexión digital en el ámbito laboral.

En concreto, se regula que las personas trabajadoras tendrán derecho a la desconexión digital a fin de garantizar, fuera del tiempo de trabajo, el respeto a su tiempo de descanso, permisos y vacaciones, así como de su intimidad personal y familiar.

Seguramente que esta situación te resultará familiar.  

Te despiertas, miras la hora en el móvil cargado junto a la cabecera de tu cama, te das cuenta que llegas tarde al trabajo y comienza la cuenta atrás.

Prisas, tropiezos, un café rápido, te pones lo primero que pillas y al atasco.

Tienes suerte con el aparcamiento y por fin, cuando te sientas en la silla de tu mesa, respiras tranquilo.

Pero como un robot, tu mano busca desesperadamente el móvil en tu bolsillo, bolso, chaqueta y no, no tienes el móvil.

Te lo has dejado en casa.

De pronto, te entra angustia, ansiedad, sientes que te falta algo, piensas que alguien te puede llamar para algo importante o algo va a pasar y no tienes tu móvil para saberlo.

La preocupación te inunda de pensamientos negativos y durante la mañana estás desconcentrado.

Piensas en cómo puedes recuperarlo y analizas todas las posibilidades y alternativas para que alguien te lo traiga al trabajo pero imposible.

Por fin, acabas tu jornada, entras en tu casa y ni hola ni cómo estás a tu familia.

Tú solo tienes un objetivo, agarrar tu móvil y ver las llamadas y mensajes que has recibido.

Veinte whatsapps del grupo de amigos, uno de tu pareja y una llamada perdida de tu hermana. Nada importante.

La situación que acabo de describir es solo un ejemplo de nuestra imposibilidad real de desconectar tecnológicamente en nuestro día a día, de aplicar en nuestra vida cotidiana la deseosa e ídilica desconexión digital.

¿Estamos siendo conscientes de nuestros niveles de adicción a Internet y a nuestros dispositivos móviles y de las graves consecuencias que provoca en nuestros hábitos y relaciones personales? Incluso existe ya un diagnóstico que define el miedo irracional a estar sin teléfono móvil: nomofobia.

En esta interesante entrevista, el escritor y doctor en filosofía Enric Puig, reflexiona sobre este tema a través de casos reales de personas que decidieron en un momento de sus vidas, desconectarse totalmente del mundo digital e Internet y que recoge en su libro “La gran adicción: Cómo sobrevivir sin Internet y no aislarse del mundo“.

Es triste el caso de un comercial encerrado en su habitación, aislado de amigos y familia, que se obsesionó en buscar trabajo por Internet y que tomó conciencia de su situación cuando recibió de su pareja desde otra habitación de su casa, un mensaje que decía “te quiero”.

Existe un miedo generalizado a que si no estamos contectados digitalmente, no formamos parte de lo que está pasando a nuestro alrededor, no estamos aprovechando adecuadamente nuestro tiempo y estamos perdiendo información importante.

Pero en realidad, es solo eso, un miedo, una idea equivocada que socialmente se han instalado en nuestras mentes y que nos impide parar y reflexionar sobre el tiempo que si estamos malgastando cuando nuestras miradas no se apartan de nuestras pantallas digitales.

Aunque defendamos los grandes beneficios que Internet y las nuevas tecnologías han aportado a nuestra sociedad, no puedo dejar de pensar que es imposible estar conectada y concentrada en dos mundos paralelos (el digital y el real) y que la conexión a uno de ellos provoca la desconexion del otro.  

Si tu atención está enfocada a tu móvil, tablet o portátil, estás perdiendo la sonrisa que tu pareja te acaba de regalar o la primera palabra de tu hijo.

Tal vez, si todos comenzaramos a desconectarnos un poco de lo tecnológico y digital, comenzaríamos a reconectarnos con nosotros mismos y con los demás.

Solo hay que buscar el término medio.

“El gran mito de nuestro tiempo es que la tecnología es la comunicación” .- Libby Larsen

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