Cuando comencé a leer las noticias que invadían las redes sociales sobre la viralidad (más de 52.800.000 millones de likes) que había alcanzado una simple foto de un huevo marrón sobre fondo blanco en Instagram, no pude dejar de reflexionar sobre cómo algo tan tonto y simple había logrado alcanzar el interés de millones de personas.

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Mi primer pensamiento oscilaba entre la frustración, el enfado y el juicio fácil: ¿esta imagen representa la temida epidemia social de estupidez humana que nos domina?, ¿somos capaces de volvernos locos por un huevo pero no por las verdaderas e importantes luchas sociales?, ¿somos tan borregos que no podemos quedarnos atrás ante lo que impone la mayoría?, ¿somos cómplices de un consumismo atroz que no nos deja pensar ni reflexionar y que puede proporcionar millones de euros al creador de esta cuenta?.

Luego pasé a la sorpresa e incredulidad cuando algunos expertos ensalzaban y defendían el mensaje oculto y metafórico que quería transmitir el autor de este fenómeno viral.

Chris Godfrey señaló que quería hacer una crítica a la cultura frágil y quebradiza de las celebrities y de su mundo irreal y ficticio.

Vidas maquilladas y falsas cubiertas por la delicada cáscara de las redes sociales.

¿No os suena a un mensaje demasiado forzado y artificioso para explicar algo inexplicable que se lanzó sin objetivos ni sentido?

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En el fondo, lo que este fenómeno me ha enseñado realmente es a no buscar razones excesivamente complejas y profundas para explicar lo evidente, lo obvio, la simplicidad que explota en la cara.

Esto es, que el surrealismo y el absurdo humano existen.

La mayoría de las personas solo buscan romper su monotonía cotidiana, distraerse y reirse un rato de algo que ni ellas mismas entienden.

Ni el mismo autor se imaginaba el tremendo alcance que iba a lograr con su experimento social por muchos discursos elaborados que quiera dar posteriormente para dotarlo de contenido.

Una gran broma efímera de la que no nos acordaremos dentro de unos años pero que ha logrado que millones de personas se rían por un rato, olvidando sus problemas diarios.

Tal vez este sea el verdadero sentido y poder del huevo y de su record mundial.

La vida se ríe de nosotros todo el tiempo y aún no sabemos reírnos de ella.

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