García Márquez contó, en uno de sus discursos más míticos, como a la edad de 12 años estuvo a punto de morir atropellado por una bicicleta, cuando bajaba una cuesta muy empinada de su pueblo.

No se percató que detrás venía un ciclista a toda leche, sin frenos, sin timbre, totalmente descontrolado y sin posibilidad de gritarle.

En ese instante, un sacerdote que estaba viendo la escena le gritó a Márquez: ¡CUIDADO!, y a él le dio tiempo a reaccionar y apartarse a un lado.

Al momento, el sacerdote se le acercó y le dijo: “Se ha dado cuenta ya usted del poder de la palabra“.

Esta anécdota la incluyó el escritor en uno de sus discursos más polémicos y míticos que hablaba del poder que tienen las palabras en nuestras vidas.

Añadiría que también lo tiene y mucho, en el mundo de los negocios.

Un negocio que no emplea las palabras como vía para conectar y comunicarse con sus clientes está destinado al olvido.

El poder de las palabras trasciende a cualquier otro elemento que empleemos para captar a la atención de nuestro público como un buen diseño o una buena imagen.

Son insuficientes si no van acompañadas de unas palabras que logren persuadir, influir y convencer al cliente para que nos compre o nos contrate.

Parece algo obvio pero te aseguro que la mayoría de los negocios aún no lo aplica.

Preferimos complicarnos en el camino tomando atajos que nos llevan al mismo punto de salida en vez de coger aquél más fácil y recto.

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