Todo el mundo puede escribir, incluso bien (en el mercado podrás a encontrar a muchos redactores, publicistas, escritoras y copywriters que lo hacen).

Pero emocionar, divertir y entretener muy pocos.

La mayoría de los textos que puedes encontrar por Internet son planos, sosos y aburridos.

Lograr una verdadera conexión emocional con tus lectores y clientes no es tarea fácil pero es lo que marca la diferencia entre ser muy bueno, bueno o del montón.

No seré yo quien te diga en qué lista me encuentro.

Eso tendrás que descubrirlo cuando me contrates.

Pero gracias a mi anterior trabajo en una asociación sin ánimo de lucro y sin saber en aquella época qué era el copywriting y el storytelling, me propuse construir historias (ya las hacía en mi infancia) que lograran sensibilizar a la gente sobre la enfermedad mental, más allá de los datos y las estadísticas frías y vacías de los típicos manifiestos que dejan indiferentes a todo el mundo.

Creyente del poder transformador de las historias y cómo éstas nos definen, escribí diez relatos (uno por año) sin más pretensión que la de concienciar sobre la salud mental.

Y te aseguro que jamás pensé lo que iba a vivir después y lo que esto llegó a significar en mi vida.

Durante esos largos años, mis relatos fueron leídos por grandes personalidades del periodismo de este país como Jesús Quintero, Luis del Olmo, Paco Lobatón, Rosa María Calaf, Joaquín Petit, Tom Martín Benítez… (aún me cuesta creerlo cuando escribo sus nombres) ante la atenta mirada de las más de 2.000 personas que pasaron a lo largo de diez años, por el evento anual que organizábamos por el Día Mundial de la Salud Mental.

Cada año veía a la gente llorar y emocionarse, y salir del acto con otra mirada, con otro pensamiento sobre las personas que sufren una enfermedad mental.

Muchas se me acercaban para agradecerme mi labor y felicitarme por lo que escribía.

Incluso se publicó un libro que recopilaba todos mis relatos.

El problema vino con la presión que comencé a sentir después.

Cumplir las expectativas y superarme con cada nueva historia se volvió un auténtico martirio.

La inseguridades y los miedos hicieron acto de presencia.

Ponía excusas para no escribir, postergaba el relato hasta los últimos días, me sentía angustiada, desanimada, atada a una obligación…

Recuerdo una noche bloqueada ante el ordenador, con la mirada fija en la pantalla blanca, un nudo en el pecho y dominada por un pensamiento repetitivo: no quiero, no quiero, no quiero.

Una lucha agotadora entre lo que quería y lo que debía.

Creo que esto me hizo odiar la escritura y rechazarla.

No quería escribir.

Es más, dejé de hacerlo.

En el fondo, no me daba cuenta pero estaba evitando mi vocación. Dedicarme a lo que realmente me gustaba simplemente por miedo.

Solo sentía que no era feliz con mi trabajo, con mi vida y que la insatisfacción se hacía más grande conforme pasaban los meses.

Pero la vida es sabia y al final me hizo regresar al camino del que no tenía que haber salido nunca: la escritura.

Y aquí estoy, convertida en copywriter o como me gusta llamarme “contadora de historias”.

Una copywriter que se ríe de sus neuras, miedos e inseguridades porque es la única forma que conozco de afrontar la vida.

Y tú dirás qué tiene que ver todo esto con los negocios online y con vender.

Pues mucho.

El 95% de las decisiones de compra no son actos racionales sino emocionales y el único secreto para vender más y captar clientes no es escribir bien sino escribir emocionando (repito, muy pocos saben hacerlo), y esto solo se puede hacer contando una buena historia que conecte.

Nadie compra un producto o un servicio, sino la emoción que le provoca.

O como decía uno de los teóricos más importantes del marketing del siglo XXI, Seth Godin: “El Marketing ya no se trata de lo que vendes sino de las historias que cuentas”

Lo demás solo genera aburrimiento e indiferencia y, como consecuencia, el fracaso de muchos negocios online.

En mi caso, además de copywriter, he sido asesora jurídica, orientadora laboral, directora general de una asociación, responsable provincial de comunicación de un partido político, consultora de marketing digital y social media, fotógrafa, diseñadora.… en resumen, una chica para todo. 

A parte de esto soy adicta a las series, a las croquetas y a Internet
(y a otras cosas que mejor no contar en público).

También lloro con vídeos de gatitos y perritos (lo siento, nadie es perfecto)

Y me encantaría ser rica para no trabajar y dedicarme a la vida contemplativa pero hoy por hoy, estoy contenta de vender tus productos y servicios con palabras (ya sabes las que emocionan y persuaden).

¿Quieres saber cómo puedes vender más con palabras e historias?

Suscríbete a mi lista y sal de dudas:




Mi niña es la mejor. Ha estudiado mucho y trabajado mucho, y estoy muy feliz por ella. Se lo merece. Solo le falta encontrar novio

IsabelMi madre

Ni frío ni calor, La Lechera es la mejor. También te puedo decir los Reyes Godos

PepeMi padre

¡Y todo este rollo para esto! La próxima vez me lo resumes en tres líneas que tengo que ponerme con mi doctorado

CarmenMi hermana

Cuñaaaaaaaaaaaa…

JaviMi cuñado

Tita, me encanta tu estilo. Sales muy guapa en la foto. Vamos hacer un TikTok

LucíaMi sobrina

A pesar de sus neuras, la quiero mucho

MariceliMi mejor amiga

Me preocupa. Habla sola

KityMi gata