No dejo de leer artículos que se centran en destacar los efectos negativos de las nuevas tecnologías en la forma de conocer y relacionarnos con otras personas, sobre todo, en el plano amoroso y sexual.

Dicen que el amor ya no es lo mismo desde la irrupción de las apps de contactos, de las redes sociales y del WhatsApp.

Afirman que todo se ha deshumanizado, congelado, sexualizado, mercantilizado… convirtiéndose en un producto más de consumo, de usar y tirar.

Ya lo señalaba el filósofo polaco, Zygmunt Bauman“Todo es más fácil en la vida virtual, pero hemos perdido el arte de las relaciones sociales y la amistad”.

Aunque creo que hay parte de razón en todas estas argumentaciones, me surge una pregunta: ¿realmente las nuevas tecnologías han transformado la forma en cómo nos relacionamos o simplemente han acentuado y visibilizado la forma negativa en la que siempre nos hemos conectado con el otro?

Una película, Her, y una serie, You, me han hecho reflexionar sobre este tema tan hablado, discutido y debatido durante años.

Creo que seguimos anclados en una prehistoria amorosa y sexual, donde el miedo a la intimidad, al rechazo, a la soledad, al compromiso y a la búsqueda constante de intensidad que nos evada de nuestras aburridas vidas cotidianas, siguen estando presentes y contaminando el amor y el sexo.

Dependencia emocional, manipulaciones, dramas románticos, infidelidades, sufrimiento amoroso, sexualidad reprimida,… nada nuevo ¿verdad?.

Lo único que ha cambiado es el entorno donde repetimos los viejos patrones relacionales: más difusión, menos intimidad.

Si antes una pareja discutía, se gritaba, había un portazo y pasaban semanas antes de que hubiera una llamada, ahora la discusión implica más reproches por móvil, pantallazos de los mensajes a tus grupos de amigas para que opinen (que a su vez compartirán con otras), bloqueos en redes y Whatsapp, cambio del estado de “en pareja” a “soltero/a”, compartir fotos de tu nueva vida “feliz” sin el otro… y todo esto por supuesto, sabiéndolo tus 1.000 amigos y seguidores de tus redes sociales.

Si antes querías conocer a alguien, te ponías tu mejor traje, te obligabas a salir por la noche a visitar los garitos del momento, y a descartar con la mirada los que merecían la pena y quien era el afortunado que obtendría tu mirada sostenida.

Nadie sabía quién eras ni podía obtener información de ti.

Hoy desde el sofá de tu casa, en pijama, decides sobre miles de fotos y perfiles públicos quién merece tu “me gusta” e investigas por Internet al elegido.

Cambian las formas pero no el fondo.

Seguimos siendo presos de miedos, complejos, inseguridades, dudas, fantasmas, demonios.. que son los que realmente nos impiden relacionarnos con madurez.

Somos seres heridos que vagamos buscando a alguien que nos cure y así nos va.  

Si no nos conocemos, ¿cómo vamos a pretender que otro nos conozca?.

Seguimos atados a un ideal romántico inexistente que nos impide disfrutar plenamente de las personas tal y como son, ya las conozcas en un pub, en una biblioteca o en Tinder.

La tecnología no nos ha desconectado, veníamos desconectados de serie.

El arte de romper relaciones y salir ileso de ellas supera ampliamente el arte de componer relaciones”.-Zygmunt Bauman

Deja tu comentario

    Si te ha gustado lo que has leído, en mi lista de suscripción hay mucho más.


    Este sitio está protegido por reCAPTCHA y Google Política de privacidad y se aplican Condiciones de servicio.